El ensayo señala que la novela de 1927 de Virginia Woolf presenta a Lily Briscoe como una pintora tímida y frustrada que teme el juicio de Mr. Ramsay y se preocupa de que su obra sea “enrollada y guardada bajo un sofá”. Woolf describe la pintura de Lily como un “movimiento rítmico danzante” y una batalla con un “enemigo antiguo y formidable”, enfatizando la intensidad emocional de su proceso creativo más que la habilidad técnica.

El tratamiento que Woolf hace de la devoción de Lily se contrasta con la carrera más profesionalizada de su hermana Vanessa Bell, cuyas obras se expusieron en Bond Street. La autora sostiene que el estatus de Lily como aficionada hace que su lucha sea más conmovedora, ya que pinta por satisfacción personal y no por reconocimiento.

Otras novelas repiten este tema. *The Bell* de Iris Murdoch (1958) presenta a Dora, una estudiante de Slade que abandona sus estudios para casarse pero luego vuelve a pintar tras un encuentro revelador con un Gainsborough. La primera novela de Elizabeth Jane Howard, *The Beautiful

El ensayo también hace referencia a obras clásicas como *Jane Eyre* de Charlotte Brontë, donde Jane pinta acuarelas por placer, y *The Awakening* de Kate Chopin, donde Edna Pontellier pinta de manera “no profesional” a pesar de su aptitud natural. Estos ejemplos ilustran cómo las artistas femeninas del inicio del siglo XX a menudo eran desalentadas a profesionalizarse, enfrentando la marginación y el ridículo.