Mark Twain, el seudónimo de Samuel Clemens, dejó los Estados Unidos para ir a Europa a principios del siglo XX y se estableció en Florencia en 1903. El traslado colocó al autor en medio de los círculos artísticos y la arquitectura histórica de la ciudad, ofreciendo nueva inspiración para sus obras posteriores.
La reubicación de Twain formaba parte de un patrón más amplio de escritores estadounidenses que buscaban entornos europeos para ampliar sus perspectivas. Durante su estancia en Florencia, se relacionó con expatriados locales y mantuvo su prolífica agenda de escritura, contribuyendo con ensayos y crónicas de viaje que reflejaban sus observaciones sobre la cultura italiana.
Su estancia en Italia precedió su regreso a los Estados Unidos, donde más tarde publicaría algunas de sus obras más perdurables. El período en Florencia sigue siendo una nota al pie notable en la biografía de Twain, ilustrando las influencias transatlánticas que moldearon su voz literaria.