Tras dos años de calma relativa, las operaciones corporativas vuelven a la agenda del sector. Las editoriales medianas, con fondos sólidos y buenos fondos de catálogo, tantean casas independientes cuyos propietarios se plantean la sucesión o sencillamente el cansancio tras un ciclo de costes agotador.

Los asesores del sector describen un cambio de tono desde la primavera. Donde 2024 y 2025 trajeron adquisiciones cautelosas, hoy la cartera incluye compras integrales de sellos que publican entre 40 y 150 títulos al año, un rango donde el riesgo de integración es manejable pero el comprador gana escala real en metadatos, almacenamiento y venta de derechos.

Las razones son estructurales: el papel y el flete se han estabilizado, pero sin volver a los niveles de 2021, lo que premia las tiradas mayores y la distribución compartida. Además, la venta directa al lector exige inversión en plataformas y datos que los equipos pequeños difícilmente pueden financiar.

Las valoraciones, eso sí, se mantienen disciplinadas. Los múltiplos se han moderado y dominan las fórmulas de earn-out, que una gran parte del precio al rendimiento del catálogo en tres o cinco años. Lo que se avecina no son megafusiones, sino una sucesión discreta de combinaciones de mercado medio.